domingo, 11 de febrero de 2018

Sobre William Morris


Este verano descubrí por pura casualidad el trabajo de William Morris.
Bicheando por Etsy en búsqueda de telas bonitas y originales para proyectos varios, topé de repente con unos diseños que me cautivaron (ya fuese en posavasos, estolas, manteles individuales, bolsos o cojines). De temática animal (mayoritariamente ornitológica) y vegetal, se trataba de dibujos de tramas repetitivas que eran perfectas, por ejemplo, para empapelar una habitación. Para ese uso, sin embargo, los tonos podían resultar algo oscuros, aunque he visto maravillas en comedores con papeles parecidos.
Tiempo después, supongo que con las pocas y tristes lluvias que nos dejó octubre, me lancé a la búsqueda de un paraguas, ya que los míos están ya para poco uso. Y, de nuevo, me topé con William Morris. Un poco al estilo de los paraguas que venden en el Museo Thyssen Bornemisza, originales y elegantes. Además, no muy caro (me pregunto ahora por qué no lo compré).

Y entonces me encontré, ya sí que sí, con dos artículos bastante extensos en dos revistas de muy diversa índole. ¿Será algún tipo de señal?
En la primera, una revista de decoración, hablaban de la exposición sobre William Morris en la Fundación Juan March.
En la segunda, una revista de moda, sobre la vida y obra de William Morris y también de la forma en que Loewe ha recuperado su trabajo para crear una serie de bolsos y complementos muy especial.
Dejándome llevar por ese espíritu de "comprar menos y mejor" y de "lo hecho a mano es único y vale su precio", caí en el sueño (totalmente falso) de poder adquirir un bolso de la colección de Loewe de esos que guardas siempre y que después se heredan. Pero me puede el soltar una gran cantidad de dinero por algo que, aunque sé que lo vale, podría ser sustituido por otras muchas cosas que necesitamos en casa. Y me puede más la realidad: que si estaba planteándome hacer un desembolso de 300 €, eso es lo que vale un llavero... Y que el bolso más sencillo cuesta lo que gano en un mes.

Si realmente Morris apostaba por la calidad pero también en hacerla asequible para el gran público, como comentaban en la revista, ¿tiene sentido que una marca del rango de precios en el que se mueve Loewe haga estos bolsos? Me resulta cuanto menos interesante. Al final también está el hecho de que muchos artesanos podrían realizar también un trabajo único y de calidad, pero seguramente a la hora de conseguir permisos y negociar cánones no tendrían la capacidad de Loewe.


Veamos lo que nos dicen en El Mundo:

"En su punto de mira de hombre renacentista se situaron los pilares de la época victoriana, esto es, un exceso de sensibilidad romántica, un estilo decorativo recargado y de dudoso gusto, el embate de una industrialización sin frenos y las desigualdades sociales que ésta trajo consigo. A todo ello se opuso con pasión Morris, que quiso cambiar el mundo en que vivió hasta el final. «El arte es la humanidad hecha oficio; el resto es esclavitud», decía este creador total que seguramente reconocería los mismos males de su tiempo en las fábricas y los cielos pestilentes de unas cuantas ciudades asiáticas de hoy."

"Según el director de la FJM, Javier Gomá, Morris y compañía lograron hallar «lo bello en los objetos cotidianos» y hacerlo accesible a «una mayoría (no minoría) selecta» en virtud de la dignificación de trabajo."

Pero es que a veces la intención original y lo que ocurre después pueden acabar siendo absolutamente contrarios:

"En el siglo XIX, la industrialización logró un abaratamiento y racionalización de la producción de bienes. Inglaterra se erigió como máxima potencia industrial. Al mismo tiempo un grupo de artistas abogaban por la vuelta a la artesanía con una visión artística y sin el uso de las máquinas. William Morris fue uno de ellos. Se propuso reinventar cada silla, cada mesa, cada cama…En el último tercio del siglo, Morris fundó talleres de trabajo en los que se diseñaba con un estilo propio y en los que perseguía “hacer pensar al obrero y trabajar al artista”. Sus ideales anti-industrialización impregnados de socialismo le condujeron irónicamente a una producción en masa, debido al éxito de sus diseños."

martes, 30 de enero de 2018

Netflix: cajón de sastre ¡y buenos resultados!

Porque siempre hay una segunda parte y, en este caso, sí, la segunda parte va a ser mucho mejor que la primera.
De nuevo, un batiburrillo de series emitidas por Netflix a las que les une, en esta ocasión, que me han gustado bastante.

Orange is the new black
A pesar de que la última temporada (hay que tener en cuenta que veo las series dobladas, es posible que hayan emitido alguna más en EEUU) me pareció un poco floja, tanto por la trama principal como porque las historias de cada una de las presas son cada vez menos interesantes y cada vez se profundiza menos en ellas (un auténtico chasco la historia de Boo), es una serie muy buena.
Que Piper (Taylor Schilling) sea repelente y odiosa es casi normal. Se me ocurren un puñado de series cuyo protagonista es lo peor que tienen ("Cómo conocí a vuestra madre" o "Anatomía de Grey", entre otras).
En la primera temporada es interesante ver como la vida de una persona bien posicionada, que cometió un delito en el pasado, no es juzgada y sentenciada hasta diez años después, de forma que su vida y sus planes se ven truncados de la noche a la mañana. No le queda más remedio que descubrirse ante sus padres y su prometido y reconocer un pasado sorprendente. Primero, por el tráfico de drogas y, segundo, por una relación lésbica que mantuvo en el pasado y que resurge en la cárcel.
Aparte de esta línea principal, con Piper entrando en la cárcel y conociendo a gente con la que jamás ha contactado en "el mundo real", mujeres procedentes de guetos, muchas de ellas analfabetas, tenemos la narración de las historias de cada una de las presas.
Esas historias suceden dentro (hoy) y fuera (en el pasado) de la cárcel.
Se descubre lo oscuro de la vida carcelaria. El tráfico de mercancías dentro de prisión (no sólo de drogas), el abuso por parte de los funcionarios (a nivel sexual pero también al aplicar distinto trato y castigo según a criterios nada objetivos y sobre los que ellas no tienen derecho a opinar), los tejemanejes políticos y la situación de desamparo dentro de la cárcel que, como ya sabemos, tiene poco de reinserción y mucho de "esconder al que estorba".
Hay personajes con historias entrañables y tristes, como Suzanne Ojos Locos (Uzo Aduba) o Taystee (Danielle Brooks). La una, una niña adoptada con un cierto retraso madurativo que la hizo sentirse marginada, imponiéndose su lado impulsivo y agresivo. La otra, una huérfana que nunca encontró padres adoptivos y que fue utilizada durante toda su vida por una mujer que se aprovechó de esa carencia emocional. Como ellas dos, muchas otras en la serie aparecen como carne de cañón para la cárcel, ese tipo de personas cuyas circunstancias las barren y les impiden desarrollarse de una forma que no implique delinquir.
También hay asesinas, atracadoras, etc.
Entraría en las vidas de cada una de ellas para desentrañar los secretos y vicisitudes de Red, Doña Rosa, Nicky... Pero no acabaría nunca. Es precisamente por eso, por la forma en que consiguen que amemos a cada personaje (incluso a Pensatucky), que decepciona ver el tratamiento que se da a otras historias a medida que avanza la serie. Es tan superficial la narración que a veces ni llegamos a saber por qué están realmente esas mujeres en la cárcel.

Cómo defender a un asesino
Mucho más comercial que las dos series anteriores por su estética y ritmo, me pareció un gran descubrimiento.
Llevaba tiempo viendo anunciado el estreno en AXN de la que realmente era la segunda temporada de esta serie. Estaba convencida de que sería algo parecido a "El abogado", que en sus tiempos me gustó mucho, aunque en casa creían que más bien sería el enésimo CSI (y sus primos "Caso abierto" o "Mentes criminales", entre otros).
Cuando me decidí a verla, me sorprendió ver que la historia empezase en la universidad. La profesora era precisamente una abogada a la que yo daba por abogada defensora y resultaba ser profesora. Al poco tiempo, vi que efectivamente también ejercía cómo abogada defensora. Lo que ni de lejos podía intuir era que esta sorpresa era ridícula dado lo rocambolesco de la historia que pronto daría comienzo.
La abogada, Annalise Keating, magníficamente interpretada por Viola Davis (a la que ya adoré en "Criadas y señoras"; ¡sí, absolutamente camaleónica, es la misma mujer!), trabaja con dos ayudantes, Frank y Bonnie, en su despacho. Después, elige a cinco estudiantes de su clase como "becarios" (cuasi esclavos): Castillo (descendiente de una familia latina muy rica), Michaela (niña pija, comprometida desde hace mucho tiempo y muy remilgada), Connor (gay, hiper sexual y sin ningún tipo de escrúpulos), Asher (el estúpido y engreído hijo de un afamado juez) y Wes (el "chico pobre" buena gente que parece el preferido de la profesora).
Y al poco de comenzar la serie vemos que el marido de Annalise, Sam, es asesinado en su propia casa y después que son cuatro de los estudiantes (se queda fuera Asher) los autores del crimen.
En cada capítulo se presenta y a veces (no siempre) se resuelve un caso en el juzgado. Mientras tanto, avanzan las relaciones entre los personajes (descubrimos el pasado de Frank y Bonnie, hay líos de cama entre becarios y ayudantes, hay infidelidades a mansalva, pasados oscuros - homosexualidad, niños perdidos, etc. -) y se van dando pinceladas a modo de flash back de lo que ocurrió la noche del asesinato de Sam, las horas previas, los días anteriores...
Uno cree que está a punto de desenmarañar el ovillo cuando, temporada tras temporada, salen a la luz otros secretos que dan explicaciones extra o alternativas a lo que acabamos de visionar. Y, además, la mente privilegiada de Annalise se encarga de ir enredando más y más la madeja para que nadie pueda escapar y para que nadie se vaya de la lengua.
¿Enrevesada? Sí. ¿Exagerada? Sí. ¿Imposible? Sí. Pero absolutamente adictiva. Además, pese a semejantes tejemanejes y enredos, no he encontrado ni un solo fallo a la historia.

Unbreakable Kimmy
Una comedia ligera y bastante absurda pero que resulta entretenida y, lo que es más difícil, no decae a medida que avanzan las temporadas.
La serie parte del momento en que Kimmy y otras TRES mujeres son liberadas de un bunker en el que un "sacerdote" creador de su propia celda las mantuvo secuestradas durante años. Al ser apenas una niña preadolescente cuando fue raptada, Kimmy pasa bajo tierra y sin contacto con el mundo exterior precisamente los años en los que se forma la personalidad y descubre el mundo.
Es por ello que es una persona ingenua, infantil y crédula. Pero, ante todo, es buena persona. No sabe guardar rencor y siempre está dispuesta a ayudar.
Cuando es liberada, decide que tiene que mudarse a Nueva York y empezar su nueva vida.
Dentro de todo este absurdo, me quedo con el personaje de Titus Andromedon, irreverente a más no poder. Sí, soy fan de este tipo de personajes, pero es que realmente no lo puedo evitar. Acabo copiando hasta sus frases y gestos más ridículos. Aparte de su afición por las Barbies, por peinarlas cuando se pone nervioso o por las lentejuelas cutres del chino, me quedo con su videoclip "Peeno Noir".

viernes, 12 de enero de 2018

Alphonse Mucha en el Palacio de Gaviria


Siempre me ha encantado Alphonse Mucha, incluso antes de saber su nombre. Me encantaban sus ilustraciones, que poblaban un sinfín de objetos cotidianos que pasaban por mis manos y que me dediqué a guardar como auténticos tesoros (aún hoy conservo una caja de bombones de Chocolates Amatller y alguna cajita de vaselina GAL, el marco vintage perfecto para, por ejemplo, unos pendientes con aire art decó).
Hasta que un día mi chico me descubrió su nombre al regalarme un libro de ilustraciones suyas envuelto, además, en un papel de regalo decorado con las mismas (papel de regalo que aún conservo, plegado, dentro de una caja después de cerca de quince años).
Porque no hay duda de que lo que hizo famoso a mucha fueron sus ilustraciones y la cartelería, especialmente los posters para las obras de la actriz francesa Sara Bernhardt.
Esta vez he disfrutado de una exposición de su obra en el Palacio de Gaviria en Madrid (¡y ahí seguirá hasta el 25 de febrero!), siguiendo a aquellas otras de Caixa Forum Madrid o la que visité en Budapest (la segunda, curiosamente, como esta del Palacio de Gaviria, también con mi hermana).
Si bien la de Budapest me impresionó por sus dimensiones, que le permitían mostrar "La gran epopeya eslava", esta me ha llamado la atención por su variedad.
No ha pecado, como muchas otras muestras, de presentar nada más que esas ilustraciones que forman ya parte de imaginario popular (como decía, sabiendo o no de quién es la autoría).
Así, si bien hay numerosos y famosos carteles de teatro (Hamlet, Medea...) y de publicidad (Moet Chandon, Nestlé...), hay varias cosas muy interesantes en la exposición:

** A la entrada hay una pequeña proyección en la que se nos habla de la vida, obra y pensamiento de Mucha. Esta información se amplía en la audioguía y también en los paneles informativos a lo largo de las salas. Pero si no se quiere parar uno a leerlo todo el vídeo puede dar una idea bastante general de lo que se va a ver.
** Se retoman las imágenes populares pero exponiendo también objetos. Cajas de galletas, frascos de perfume y alguna joya diseñada por el autor.
** Se muestran trabajos en muy distintos soportes y con distintos materiales (óleo, sanguina, etc.). También hay muchos bocetos y ejemplos de estudios y obras terminadas que nos hacen ver la evolución por la que pasa el artista dentro de cada obra: sus modelos, sus esbozos, sus avances y finalmente el trabajo terminado.
** Si bien no hay espacio para mostrarnos obras de gran formato, sí que podemos disfrutar del cuadro "La virgen de los lirios".
** Y temas... ¡múltiples! Desde sus famosas series (las estaciones, las estrellas o las piedras preciosas) hasta alegorías para el Padre Nuestro, la entrega de las llaves de Granada a Fernando el Católico o el retrato de la turca Halide Edip Adivar.


Recomiendo encarecidamente esta exposición a quienes no conozcan a Alphonse Mucha y también a quienes lo conozcan. Hay mucho que descubrir.
Y, como valor añadido, el Palacio de Gaviria también tiene mucho encanto. Sus escalinatas, sus espejos, sus paredes enteladas... Otro aliciente más para animarse.

jueves, 4 de enero de 2018

Netflix: cajón de sastre... malos resultados

Quizá porque me interese más ir de peor a mejor, para terminar con un buen sabor de boca, en esta entrada hablaré de aquellas entradas que no sé muy bien dónde ubicar pero que no me han gustado demasiado (o, realmente, no me han gustado nada).
Que para gustos los colores...


Tú, yo y ella
En los tiempos en los que la monogamia se cuestiona y el poliamor y otras corrientes (si es que es la forma correcta de denominarlos) ganan adeptos, las historias sobre triángulos amorosos fuera del típico "matrimonio heterosexual + aventura / infidelidad del marido" se me hacen muy necesarias. Porque parece que por fin se empieza a mostrar en televisión a personas que no tienen una vida normativa.
Sin embargo, esta serie peca de partir de ese "matrimonio heterosexual + aventura / infidelidad del marido" aunque sí es cierto que se acaba transformando en otra cosa. Por causa de la mujer, que, claro, como se espera de su género  (modo ironía on), contacta a la amante de su marido en busca de venganza.
La relación deviene en una relación amorosa y de convivencia con tres protagonistas. Unos, la inicial pareja, sobrepasados por la presión social y el miedo; otra, sobrepasada por un sentimiento de amor que ellos en principio no quieren admitir pero que todos sienten los unos por los otros.
Desafortunadamente, el aspecto casi adolescente (no recuerdo la edad del personaje en la ficción) de la amante hace que el triángulo quede demasiado desequilibrado. Para el espectador, no son tres, sino 2 + 1.
Además, la serie pretende ir un poco de indie pero no lo consigue.
En definitiva, una serie que se queda en tierra de nadie.

Girlboss
Esta serie empieza muy bien. Al menos, tiene muchos puntos interesantes (conozco a más de una persona que se enganchó al principio... peeeero...).
Por ejemplo, que trata temas interesantes y actuales como la venta online, lo vintage, el DIY, la moda de segunda mano, los inicios de un emprendedor...
Hay personajes muy curiosos como Gail (Melanie Linskey), una coleccionista de ropa vintage que la guarda perfectamente limpia y empaquetada para no ponerla nunca y a quien se le revuelven la entrañas si se entera de que alguien ha cortado una manga a un vestido de los 60. Por entrañable, por exagerada, es un personaje secundario que puede gustar.
Pero resulta que Sophia (Britt Robertson), la protagonista, que parecía una chica con carácter, luego se descubre que tiene unas relaciones familiares tormentosas y que es borde y maleducada porque fue un patito feo, la rara y, ¡oh, pobrecita!, todos la trataban mal. Un personaje alrededor del que todo gira y que se convierte en un cliché.
La vi hasta el final por terminarla, pero de los que conozco que la empezaron ninguno la terminó. Acaba aburriendo.

Don't trust the b---- in apartment 23
A veces elegir a una actriz con una estética muy marcada (y no querer cambiarla ni un ápice) y con mucho carisma es un arma de doble filo.
Porque tener Krysten Ritter como protagonista (no nos engañemos, la serie va sobre June pero ese personaje no interesa lo más mínimo) nos hace verla como Jane, la novia de Jessy en "Breaking bad".
Cierto que esta serie es una comedia y que en las comedias no se necesita ese nivel de conexión ni temas trascendentales, pero la serie se pasa de ligera y, personalmente, al ir todas las gracias sobre lo cara dura que alguien puede ser... Pues gracia poca.
Luego está el hecho de que James Van Der Beek se interprete a sí mismo. Tiene su punto pero, quizá por no mostrar al típico actor histriónico o para no hacer guasa de una persona real, se queda un poco corto.

Chewing gum
Será que la estética ¿barriobajera británica? no me gusta o será que los personajes excesivamente caricaturizados me echan para atrás, pero esta serie no me gustó nada.
Cuando vi el primer capítulo, la protagonista, Tracey (Michaela Coel), se me dio cierto aire (salvando las diferencias) a Napoleon Dynamite. Quizá fue por eso que intenté darle una oportunidad a pesar que desde el principio la cosa no pintaba bien.
La serie no hay por donde cogerla. No tiene gracia ni engancha. Todo gira alrededor del sexo y de las ganas de perder la virginidad, lo que, como siempre, en un producto bien llevado, puede tener su interés. Pero aquí resulta cansino y hasta cutre. Curiosamente, es lo que otros medios y blogs han alabado de la serie.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Netflix: ficción española

Durante mi baja de maternidad y posterior excedencia, con una niña altamente dependiente que demandaba mucho el pecho y sólo se dormía durante el día si lo hacía en brazos, me quedaban pocas opciones que no fuesen ver la televisión (de hecho, el ruido de las hojas de la revista hacía que se despertase, así que ni leer...). Por ello, me di una buena "pechada" de ver tele y series, muchas series. Y es lo bueno que tiene la televisión a la carta.

En esta entrada comentaré dos series españolas que he visto en Netflix. Una con mucho agrado y otra... no tan de mi gusto.

Isabel

La emisión de "Isabel" en TVE fue todo un acontecimiento. Seguida por jóvenes y mayores, el público esperaba cada capítulo con ansia y más aún determinados acontecimientos, como la conquista y la rendición de Granada. Pocas veces he visto en Facebook tantos comentarios serios y de una admiración sobre una serie y, más, siendo española (en mi comentario sobre "Las chicas del cable" veremos por qué).
No la vi cuando fue emitida porque, a pesar de que en TVE apenas hay pausas publicitarias, lo cierto es que en España la emisión de series y películas empieza muy tarde. Luego se pregunta uno por qué tenemos estos horarios laborales y estas costumbres de comida y hábitos malsanos de sueño (aunque esa es otra cuestión).
Cuando la vi disponible en Netflix y me vi a mí misma con el tiempo suficiente de empezar a ver una serie como esta (con capítulos largos, muchas temporadas y temática densa, que en más se una ocasión me llevó a dejar el episodio en pausa y a indagar un poco más en internet sobre la historia), la única pega que le veía era la actriz protagonista: Michelle Jenner.
La conocía de su papel de lolita en "Los hombres de Paco" y, si bien no hacía un mal papel, no me cuadraba esa actriz en ese papel. Además, "Isabel" recoge toda la historia de la Católica desde su adolescencia hasta su muerte y la cara aniñada y angelical de Jenner no me parecía acorde con un personaje como la reina Isabel. No sólo eso: me parecía imposible que pudiese encajar con una mujer madura y después anciana.
Pero la verdad es que la interpretación es fabulosa. Su voz sigue siendo un tanto dulce para la imagen que yo he tenido siempre en la cabeza de Isabel la Católica, pero al trabajo de Jenner no le falta fuerza. Creo que registra todas las facetas de Isabel, como niña, madre, esposa, enamorada, celosa, amante, intrigante, gobernadora, religiosa y enferma. Como cualquier otra persona, Isabel es poliédrica: tiene mil caras. Pero en televisión los personajes suelen ser algo más planos porque se da más importancia a la narración que al personaje.
Ese es uno de los puntos fuertes de los la serie: aunque narra la historia de España, narra ante todo la vida de una persona.
Da cierta pena que algunos de los personajes queden un poco "cojos", como Torquemada o Cristóbal Colón. Pero también es cierto que podrían ser el eje de nuevas series.
Sin embargo, también hay que decir que en  ocasiones se paran para contarnos la historia de personajes menos relevantes, en ocasiones parte de leyendas populares, que retratan a la perfección y sirven también para aligerar un poco la trama principal. Por ejemplo, la bella Susona o Isabel de Solís.
Por otro lado, el retrato que se hace de Fernando de Aragón, Felipe el Hermoso, Juana de Portugal, Enrique IV o Juana hija de Isabel es loable.
En su día vi en el cine la película de "Juana la loca" (la realmente llamada "loca") y para mí el personaje de Juana también me resulta muy querido. No sólo por cómo la utilizaron su marido, su padre y su hijo, como si se tratase de un alfil en una partida de ajedrez, sino porque debió de ser una persona de fuerte carácter y firmes convicciones. Si eso queda patente en la película, cabe mencionar cómo en la serie se muestra que sus circunstancias la marcan y hacen fuerza en ese carácter, que se doblega, que se subleva... que al final le hace obrar como una loca. Y, llamemos a las circunstancias por su nombre, porque lo tienen: Felipe. Porque es el amor ciego que siente por su marido y la manipulación de éste los que la hacen caer.
Ni qué decir tiene que la ambientación es fantástica. Los escenarios, la fotografía, el vestuario y el maquillaje son magníficos.
En este sentido, me quedo con dos ejemplos:
- La entrada de los Reyes Católicos, por primera vez, en la Alhambra. Un plano desde arriba, los dos subidos en sus monturas, observando callados y embelesados la majestuosidad de los palacios nazaríes. Transmiten a través de la pantalla lo que uno siente cuando entra por primera vez en un sitio que asombra de esa manera. Y, más aún, si nos paramos a pensar en la poca capacidad para viajar que tenía la gente en aquella época y lo que debía de suponer para ellos semejante choque cultural. 
- El deterioro de Isabel con el paso de los años. En las primeras temporadas, se nos muestra a Isabel en un entorno agradable. Vive con su familia y nada enturbia su felicidad. A su alrededor se encargan de que los paisajes sean frescos y luminosos, con grabaciones al aire libre; el pelo de Isabel siempre suelto y en lustrosos tirabuzones perfectos, el azul de sus ojos perfectamente resaltado. Pero según avanza la serie el cabello pierde lustre y el brillo de sus ojos ya no es tal. Después de tapa su cabello con la toca que Isabel llevaba y sus atuendos pasaron a ser más recios y pesados, lo que hace que el cuerpo de Jenner no se vea tan delgado y juvenil. La vida adulta de la Católica no fue fácil: envuelta en intrigas, guerras, en plena revolución social y religiosa, con numerosos y difíciles partos... Todo ello hizo mella en su físico y así se ha retratado en la serie. Un trabajo de caracterización digno de elogio. 


Las chicas del cable

Esta serie fue muy esperada también. Anunciada a bombo y platillo en todos los medios, fue el primer encargo de Netflix a una productora española.

No sé si están satisfechos con el resultado ni si han obtenido el éxito que esperaban, pero para mí esta serie adolece de lo que (y he visto muchas y me han gustado otras tantas) muchas series españolas.
En primer lugar, las voces. Ocurre un poco también con Isabel, pero pasa relativamente desapercibido. Y es que en muchas series parece que en lugar de televisión estamos viendo teatro, como si se leyese en alto un libreto o si se estuviese declamando. Esto resta veracidad a la historia, pues de algún modo despista al espectador y le impide meterse en la historia.
Pero en mi opinión lo peor son los personajes planos y las historias tan predecibles que nos cuenta.
Teniendo una base más que interesante para hacer una serie entretenida y muy seria con la llegada de las centralitas telefónicas a España o presentarnos los inicios del trabajo femenino, al final la serie cae en la historia de amor fácil.
El abandono, el reencuentro, la infidelidad, el marido maltratado... Si al menos se tratase en profundidad y mostrando lo complejo de las relaciones humanas, podrá seguir siendo un telón de fondo interesante para el resto de temáticas.
Por ejemplo, pocas veces se ha tratado en la ficción televisiva española el tema de la homosexualidad (tenemos a Fidel o a Mauri, pero no se ha hecho un tratamiento tan explícito ni se ha profundizado en él en cuanto a lo que sienten los personajes más allá de lo que simplemente son). Y aquí, en Sara (Ana Polvorosa), se trata de una forma muy seria y emotiva. Tanto la homosexualidad como la sugerida transexualidad.
Pero mientras en un lado de la balanza tienes la relación triangular entre Sara, Carlota (interpretada por Ana Fernández) y Miguel (interpretado por Borja Luna), te presentan la de la pueblerina que se enamora del buenazo del contable. Ambos personajes muy manidos y con una historia que se presenta de forma jocosa y hacen que todo lo que ocurre a su alrededor pierda el dramatismo que merece y que su esfuerzo ha costado construir.
En fin, que podría resultar entretenida pero poco más. 
La ambientación también es excelente y la interpretación de Ana Polvorosa simplemente espectacular. Es, junto con el personaje de Ana Fernández, el único que resulta creíble. Y no porque sobresalga por encima de el resto (que obviamente sobresale), sino porque se trata de un trabajo redondo.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Retrospectiva sobre el fotógrafo Nicholas Nixon

Se expone en la Fundación Mapfre una colección de fotografías del americano Nicholas Nixon. Todavía se puede uno acercar, está abierta hasta el 7 de enero.

Yo fui hace un par de meses y quedé impresionada. Las fotografías son de una calidad increíble. Ahora comprende una que se le hayan dedicado tantos artículos a este fotógrafo, sobre todo ahora que, con cierta edad, su carrera está más que asentada y su trayectoria y diferentes etapas se pueden estudiar a fondo.


En la exposición podemos ver sus inicios fotografiando distintas ciudades estadounidenses donde vivió. En unas, el encuadre es limpio, el paisaje está vacío de personas y de vida, parece casi abandonado (permítaseme presumir un poco y decir que hace tiempo me acerqué a la feria, de buena mañana, cuando los feriantes están trabajando y las atracciones a medio montar: los resultados pueden ser magníficos). En otras, el encuadre no es tan clásico y los edificios son cortados por el marco, resultando bellos y al mismo tiempo transmitiendo una fuerza tremenda y también la masificación de la gran ciudad. No en vano, el objetivo de las primeras a menudo es Albuquerque y de las segundas Boston o Nueva York.


Más adelante nos encontramos con las series sobre personas, muy emotivas y que le pueden llegar a tocar a uno el alma.


Las familiares, con su hijo y su hija o, curiosamente, con tan solo la cortina de su salón al viento, de nuevo con un encuadre poco habitual. Hay también fotos con su mujer, autorretratos en los que sólo se atisba la nariz o el pelo del pecho del autor. Y, por último, una serie muy interesante que realiza tomando, año tras año, una foto a su mujer y a sus tres hermanas. Muchos de nosotros ya teníamos estas fotografías en la mente incluso antes de conocer el nombre de Nixon.


Y es que el paso del tiempo también es un tema recurrente en su trabajo.


Así, dejo para el final lo que más me impresionó de su obra. Porque Nicholas Nixon es un fotógrafo pero también una persona muy humana. Pasó mucho tiempo acompañando a enfermos de VIH en los 80, cuando el diagnóstico de la enfermedad era prácticamente una sentencia con un pronóstico terrible al que se sumaban también el rechazo y la marginalidad. Así, tomó fotografías muy íntimas de pacientes de los que muestra una evolución terrible en apenas unos años. También pasó bastante tiempo en residencias de ancianos, dando su cariño y compañía y, también, fotografiando los estragos que sufre el cuerpo humano con la edad.
Me quedo con el desnudo de una anciana con su cara arrugada, los ojos cerrados y la cabeza hacia arriba; el pecho caído y el vientre abultado. Porque uno podría quedarse con esta imagen plana de la vejez, pero Nixon fotografía algo más: la pose, valiente y casi altiva, de una mujer que se desnuda y se muestra en toda su sabiduría, con la certeza del cambio que los jóvenes se obstinan en negar.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Vuelo de grullas

La papiroflexia, arte para el que la Wikipedia hoy sólo reconoce el término de origami, es el arte de doblar papel y hacer con él figuras de todo tipo. Desde el barquito y el avión que aprendimos a hacer de pequeños (los más avezados se lanzaban a la pajarita o incluso a la rana) hasta las figuras más complicadas que se puedan imaginar.

Quizá se deba a que lo exótico vende más y a que el mundo de lo nipón y de la papelería está de moda (lo primero desde hace ya tiempo; el tema de la papelería ya se ha vuelto una fiebre a la que se han sumado hasta las tiendas de moda). Es posible. Pero me cuesta más desprenderme de la palabra "papiroflexia" de lo que me costó desprenderme de la palabra "insignia" (pin).

La cuestión es que las figuritas de papel son originales y perfectas para decorar.
Como idea, un pequeño ejercicio muy sencillo: recoger ramas de árbol (durante las podas se pueden encontrar fácilmente buenas ramas en cualquier ciudad) y hacer o comprar las figuritas que más nos gusten. En mi caso, dado que no soy muy buena en el tema y, sobre todo, porque quería infinidad de grullas pequeñas, las compré.


Me decidí por una tienda de Etsy, que vende grullas de papel desde Japón. Y el resultado fue genial. Llegaron a casa perfectamente plegadas; tan sólo tuve que desplegarlas, perforarlas con un alfiler y colgarlas de un hilo. De grulla en grulla y de rama en rama. A mí me parece un pequeño detalle perfecto, como en mi casa, para un rincón del salón. Pero también para un móvil en una habitación infantil, para colgar de una lámpara de la mesilla de noche... Las posibilidades son muchas.